Peregrinación a tiempos fronterizos

Caravaca: Peregrinación a tiempos fronterizos

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Acabo de empezar el Año jubilar 2024EL Estaciones de la Cruz de Caravaca Comienzan a poblarse de piernas inquietas, espaldas cargadas de equipaje y miradas fijas en el Santuario Basílica; Objetivo final de un camino de fe, de investigación y de encuentro. Los caminos son transitables, algunos más difíciles que otros, pero todos señalizados y en buen estado, con alojamientos, pueblos y aldeas para recorrer y descansar, acudir a lugares de interés…

Sin embargo, peregrinar a Caravaca de la Cruz no siempre fue tan seguro y relativamente cómodo. Hubo un tiempo en el que tomar los caminos para peregrinar a un lugar santo significaba un poco menos que arriesgar el pellejo cada día y cada noche, porque entonces la realidad geográfica y política era muy diferente.

«Peregrino, ten cuidado con sarracenos en camino…»

Las primeras indulgencias concedidas para la adoración de la Vera Cruz de Caravaca se encuentran a finales del siglo XIV, concedidas por Clemente VII (El antipapa de Aviñón, ¡casi nada!), por haber peregrinado a Caravaca en determinados días marcados por festividades religiosas.

Los problemas que encontraron los peregrinos fueron, por un lado, los esperados (carreteras con baches, mal tiempo y tener que dormir varias veces al aire libre), y los inesperados (ataques de bandidos, fauna hostil, etc.). Pero, sobre todo, el mayor peligro al que se enfrentaban los caminantes era el estado de Caravaca. borde con la Granada musulmana.

Infante don Alfonso, futuro Alfonso cerca de la frontera de Granada, a pocas leguas de «terra nullius», tan peligrosa como impredecible.

Como se puede imaginar, el peregrino que se dirigía a Caravaca debió caminar con mil ojos y hacer bien con su bastón, porque el ruido y razias las granadinas eran el pan de cada día, y en cuanto le llegaba la mala suerte y le fallaba la astucia, podía acabar cautivo y esclavo de alguien. tonto, o a bordo de un barco de camino a los mercados populares de Argel. La frontera era un lugar acosado y tenso, donde se podía prosperar mediante el contrabando y asaltando las ciudades vecinas a ambos lados de la línea, recolectando un buen botín; Esta era la época de los nobles caballeros, que no eran nobles pero sí lo suficientemente ricos como para permitirse caballos y armas con las que montar a los moros y obtener más riquezas. Y en medio de todo esto, como desgraciadamente suele ser habitual, gente corriente que no sabe nada de guerra pero que la paga con su sangre.

Sólo con la toma de Granada en 1492 la frontera comenzó a desdibujarse, los paseos a caballo disminuyeron y finalmente los caminos se volvieron más seguros.

«Y al final del camino… la Cruz”

Hoy terminamos nuestro día de romería, nos dirigimos a nuestro alojamiento, nos duchamos, tomamos un refrigerio y descansamos los pies. En la antigüedad el aspecto era muy diferente. Un importante número de fieles llegaron a Caravaca en un estado de salud deplorable, afectados por enfermedades, heridas infectadas, lesiones o los estragos de la edad. Para ellos y para los más necesitados, los hospitales situados en las entradas de Caravaca, así como los hospitales de la Concepción y San Juan de Letrán (junto a la iglesia de la Concepción), que encontraron los que venían del Camino Real de Granada, y el antiguo hospital que se encontraba donde hoy se levanta la imponente parroquia de El Salvador, en el cruce entre Moratalla y Murcia. En estos hospitales se prestaba atención a los peregrinos maltratados, atención médica o consuelo espiritual a quienes se preparaban para encontrarse con Dios.

Los peregrinos que se recuperaron son los que asistieron «… En numeros grandes…» ala Capilla de la Vera Cruz de Caravaca en el Castillo, más tarde Santuario, con la esperanza de ver recompensados ​​sus esfuerzos y esfuerzos, y contemplando la Santísima y Vera Cruz de Caravaca; Mejor aún, retoca tus amuletos o cruces con él para llevarlos alrededor del cuello y sentir la protección y bendición del Lignum Crucis.

La peregrinación puede ser un acto de fe o de contemplación, pero siempre implica sacrificio y esfuerzo físico. Por muy alto que se eleve el Camino y por muchas adversidades que afrontemos, siempre debemos recordar que hace 700 años ya se realizaban peregrinaciones, sin caminos llanos y con muchas sandalias; sin comodidades modernas y sin grandes dificultades; y el gran premio estaba por llegar.

Disfrutemos del camino. Creemos en lo extraordinario.



Fuente de la Noticia

Fuente de la imagen: www.turismocaravaca.com

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